domingo, 20 de febrero de 2011

Camarero, una de Kelloggs...

Nada más entrar el blog, me acordé de la boda de Berta/Chemita y la oportunidad que nos brindaron de grabar nuestros mejores deseos...






También me han venido a la cabeza los "viejos tiempos". La primera vez que entramos en un bar juntos, me pedí un whisky y me preguntaste si iba a ser capaz de berbermelo entero...ha pasado algún tiempo...y también de cuando empezaste a trabajar en el Metropolis de "relaciones" (ahora mismo, con esa edad, no te dejan ni entrar).





Disculpame... pero la anécdota que me viene a la cabeza de forma recurrente es poco lucida: cuando cruzamos en piragua la ría de Pontevedra. La ida fue sencilla, larga pero sencilla. Cuando tocamos tierra, vimos que la playa no merecía la pena, tenía arena gruesa (como de obra) y pulgas [primera lección de madurez: cuando alzancas una meta descubres que no es lo que esperabas].






Nos dimos la vuelta para llegar cuanto antes a Rajó, donde toda la playa (suponiamos) estaba asombrada de muestra hazaña. Remando a buen ritmo, estabamos a mitad de camino cuando un "petrolero" decrépito (modelo "Prestige") pasó y, con su estela, volcó la piragua [segunda lección: piensas que lo has conseguido y un "golpe de mar" te deja sin nada].




La piragua (que era antigua) no se podía achicar y con lo que no quedaba sino "empujar". Nos pusimos a nadar tirando de la piragua entre plena ría (con el agua congelada). No necesitamos la tercera lección de madurez porque nos pusimos a nadar sin protestar y sin quejarnos del frio...asi durante media hora.




Afortudamente, un "gentleman" con una motora nos vió congelados en medio de la Ría y se acercó a rescatarnos. Subimos a la lancha, arragamos una toalla y nos olvidados de ayudar al "gentleman" a izar la piragua. Cuando nos dejó en la playa, afortunadamente, era tarde y sólo Sara y Rafita (y mi madrina, claro) se dieron cuenta del fracaso.


Bueno, dejo para el año que viene aquella vez que tuvimos que rescatar al Play en el pantano del Atazar.




Un abrazo,


el primo Carlos

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